lunes, 11 de agosto de 2008

UN PASEO CON SABOR A HISTORIA


Me levanté a las 5,30 y desayuné junto al grupo que participaba de la excursión; estaba algo excitada porque sabía que conocería un lugar “especial”, allí donde había comenzado parte de la nueva historia, llámese conquista, choque de dos culturas o lo que cada uno pudiese opinar, pero indudablemente, marcaba un hito, tanto para Europa, como para el Nuevo Continente.
A las 6,30 partimos en un minibús, climatizado –los lugareños llaman guaguas a los buses de corta distancia-; recorrimos varios hoteles recogiendo pasajeros que participaban de la excursión. El viaje era largo y los caminos no eran buenos, pero se compensaba con todo lo que vas conociendo. Atravesamos la ciudad de Higuey, preciosa, sencilla, con casitas multicolores y un bellísimo santuario, la Basílica de Higuey, centro de peregrinaciones marianas.
Antes de llegar a Santo Domingo, pasamos por unas cavernas, que están por debajo del nivel de la tierra, se desciende por escaleras talladas en la misma piedra, y aun conservan el ahumado de las antorchas con que se iluminaban antiguamente. Estas grutas, eran habitadas por los indios tainos. Por distintas aberturas se filtra la luz del sol, creando un clima especial, donde toca la luz crecen especies raras de helechos, flores, y algunas palmeras, Dentro de ella a medida que se desciende, cuenta con especies de piscinas y el agua cae en pequeñas cascadas. En cada una de estas piletas naturales que se forman por los manantiales, el agua toma colores de acuerdo a los minerales que contiene. La primera que vi era color azul, otra verde y otra de color oro. Nos explicaron cada una de ellas era destinada a los baños conforme a la jerarquía que ocupaban en la tribu.
La piedra de la gruta brillaba por la presencia de minerales y le daba un aspecto maravilloso. Pude sacar muchísimas fotografías, pero el revelado hizo que descubriera lo inútil que había resultado el uso del flash, pues no alcanzó a iluminar tan hermoso panorama, por la amplitud de la concavidad subterránea.
Luego de esta parada, continuamos camino. La carretera es paralela a la costa, pero se ven menos playas, los bordes están cubiertos de rocas donde las olas rompen con fuerza formando remolinos y espuma.
Por fin llegamos a Santo Domingo, se encuentra enclavada en la zona sur de la isla. Es una ciudad de estilo colonial, de calles angostas, y casas muy viejas; fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Para no cambiar la fisonomía de la ciudad, la alcaidía dictó normas mediante las que cada edificio que se construyera, aunque fuera moderno y lujoso interiormente, debía conservar el estado original exterior, los revoques caídos, las puertas antiguas y escalinatas de entrada. Hay frentes tallados en piedra, arabescos y figuras afiligranadas. Llegamos al faro de Colón, es una inmensa construcción con escalinatas, hay una luz encendida permanentemente, que marca el lugar exacto –supuestamente- donde desembarcó por primera vez Cristóbal Colón en 1492. Continuamos el recorrido visitando las primeras oficinas administrativas instaladas en el Nuevo Mundo; el Alcázar de Colón, en cuya plaza frontal se encuentra emplazada una estatua del colonizador. Es un hermoso palacio colonial de principios del siglo XVI, que habitó la familia – su hijo Diego y su nuera-, se conserva aun mobiliario y algunos utensilios de su propiedad, en la época que éste gobernó la isla.
Fuimos hasta la Fortaleza de la ciudad, construcción que da al mar, rodeada de cañones en sus almenares, para evitar que entraran en aquella época, los piratas ingleses. (En este caso me reservo de mayores comentarios). Continuamos el recorrido visitando la casa de Hernán Cortés; el Museo del ámbar, donde se hallan las “piedras” en que se basó la historia de la película Parque Jurásico. Pude sacar fotografías cuando atravesamos el puente y visitamos el lugar en que fue filmada la película Apocalipsis Now.
Luego conocí la primera Catedral construida en América, esta realizada en piedra y data de 1523. Finalmente nos llevaron a visitar la tumba de Colón. No puedo creer todo lo que veo, pero es imposible no mirar y tocar estas cosas sin sentirse emocionado.
Fuera de lo que cada uno de nosotros piense, esté a favor o en contra de la evangelización y la conquista o la forma en que se hizo, pero es un paso hacia el punto donde se tocaron dos civilizaciones y se transformó para siempre la cultura de ambas.
Más tarde, nos dieron un tiempo libre, que aproveché para visitar el mercado de la ciudad. Personalmente, creo, y esto lo fui confirmando en sucesivos viajes por diferentes regiones, que uno puede conocer mucho de las costumbres y la cultura del verdadero pueblo, si visitas su mercado. Ahí no hay lugar para los “disfraces” turísticos, allí concurre y hace sus compras la gente común, como visten, si son alegres, como se alimentan y si verdaderamente hay cordialidad con aquellos que concurren de visita.
Tal como lo imaginaba, no fue una equivocación; los dominicanos tienen la sonrisa fácil, son atentos, bromistas, diligentes. Me ofrecieron un brebaje que preparan con algunos yuyos de la isla, mezclado con ron –dicen que tiene también ingredientes secretos- ellos acostumbran a tomar una copita, como paliativo después de una noche de fiesta donde se comió o se bebió en forma abundante; lo llaman “Mama Juana”.
A la salida del mercado, en el carrito de un vendedor ambulante, compré un coco, de los muchos que descansaban en un colchón de cubos de hielo, para calmar la sed, pues estaba haciendo calor. El vendedor, luego de lavarlo, le hizo un corte limpio con machete, y colocó una pajita dentro para que pudiera sorber con comodidad. Me saludó con una sonrisa deseándome buena estadía, y yo seguí mi paseo.
Almorzamos en el hotel Sheraton de la ciudad –es una belleza- y me sorprendió conocer un obelisco más pequeño que el de mi querida Buenos Aires, pero íntegramente pintado en colores fosforescentes, con estilo Art Noveau. Compré algunos regalitos y artesanías y emprendimos el regreso.
Esta excursión en verdad había superado mis expectativas, República Dominicana, se estaba brindando en todo su esplendor.

Magui Montero


NOTA: Fotografía de la estatua de Cristobal Colón, frente del Alcázar. Santo Domingo. República Dominicana

3 comentarios:

Ale dijo...

Y si que tiene sabor a historia

me encanta como escribes

Magui Montero dijo...

Muchas gracias por tus palabras. Me agrada saber que alguien lee y disfruta de lo que escribo.
Un afectuoso abrazo.
Magui

Ale en renovación dijo...

ya he puesto mas en mi blog, te espero por allá

besitos
ale