viernes, 24 de octubre de 2008

Mi primer día en La Habana

Pisé la entrada del Hotel Melia Cohiba, y no podía creer lo que veía, mármol y granito, bronce y terciopelo, sillones de estilo, lámparas antiguas se codeaban con spots cromados que brillaban dando destellos a los espejos y cristales. El espacioso lobby decorado con buen gusto; tan grande que me hacía sentir pequeña.
El personal, impecable en sus uniformes se mostraba diligente, con una sonrisa nos explicaron cada detalle y las comodidades con que contaba el hotel. Un botones cargó el equipaje, acompañándome hasta la suite que me fuera asignada, en el 4º piso, que se abría con tarjeta magnética. Casi me desmayo de sorpresa al ver el tamaño que tenía la habitación; totalmente cubierta de espejos. La cama (dividida en dos partes) tenía más de tres metros de ancho, los cortinados, sillones y cobertores hacían juego. El escritorio, la silla y la lámpara de bronce eran de estilo inglés, El baño, con hidromasaje y sauna incluido íntegramente cubierto en mármol rosado, con secador de pelo, teléfono hasta ceniceros!! Desde la tina se podía tener una amplia vista del mar y la Bahía, pues estaba rodeada por un ventanal curvo de visión panorámica. Una canasta de frutas y flores, un plato con bombones y otras confituras con tarjeta de bienvenida completaban este cuadro inimaginable. ¿Esto había pagado yo? ¿Era posible o se trataría de un error? Sin embargo, dejé de lado mis resquemores, dedicándome a desarmar rápidamente el equipaje, para darme un baño de espuma, pues esa noche conocería el mundialmente famoso Cabaret Tropicana, por los espectáculos al aire libre y su estilo de los años 50.
Debíamos vestir ropa de noche para ir a la excursión nocturna; cenamos a las 20,00 horas y partimos. Nos sentamos adelante, en una larga mesa preparada para quienes participábamos de la salida, sirvieron bebidas, y disfrutamos de dos horas de baile, canciones y trajes de un lujo increíble. Tanto los hombres como las mujeres bailarines eran muy bellos y la plasticidad maravillosa, llevaban el ritmo en la piel.
La noche era tibia, la música nos envolvía, todo fue perfecto. Por fin regresamos al hotel; nos acostarnos a la madrugada, muy cansados y felices. Debíamos despertarnos temprano, haríamos un city tour con visitas guiadas. Por la mañana comenzaría a conocer otro aspecto de La Habana. Estaba ansiosa, deseaba descubrir una ciudad “diferente” aun restaba mucho por aprender, pero eso lo sabría con el paso de los días…

Magui Montero

2 comentarios:

Shanti dijo...

Estaré atenta a tu experiencia en la Habana =)
abrazos

mares dijo...

Te sigo leyendo.
Un beso desde esa misma Habana.