miércoles, 27 de agosto de 2008

NOCHE DE SALSA Y MERENGUE


El regreso desde Santo Domingo fue divertido, cantábamos, batíamos palmas y bromeamos todo el camino. Llegamos al hotel cerca de la hora de cenar.
Luego de la cena, presenciamos una exhibición de música nativa que se desarrolló a la luz de antorchas y fogatas. La melodía acompasada llenaba la noche con sones de tambores, parches y otros instrumentos de percusión para mí desconocidos -confeccionados con algo que parecía cáscaras de cocoteros y golpeados con especies de cañas-. El tam-tam por instantes era frenético mientras se bailaban danzas típicas cuya forma guardaba similitud con ritmos afro e indígenas, impregnados de movimientos sensuales, saltos y acrobacias. La vegetación daba el entorno adecuado a este espectáculo majestuoso. Aplaudimos con entusiasmo, nos habíamos contagiado de la euforia de los bailarines, por lo que decidimos seguir divirtiéndonos.
Formamos un grupo; encaminamos nuestros pasos hacia la Disco que aun no conocíamos, “Pacha” nos estaba esperando.
A las doce de la noche comenzó el espectáculo. Era noche de salsa y merengue. Nos deleitamos con la música interpretada por un timbaletero y percusionista junto a otros músicos, nada menos que Tito Puente Jr. quién tenía el mismo don natural que su padre. Disfrutaba interpretando rumbas, mambo, y otros ritmos, pues su rostro lucía una permanente sonrisa. Más tarde se presentaron los ganadores de diferentes años del Concurso Salsero de República Dominicana; y debo aclarar que me sorprendió ver bailar en equilibrio encima de una botella y con un cajón lleno de bebidas sobre su cabeza a un anciano de 72 años, que tenía un ritmo tremendo!
La mejor salsera del país bailó e hizo acrobacias y eso no me hubiese causado asombro, si no hubiese estado con un embarazo tan pronunciado como el que ostentaba, a pesar de lo joven que se veía. Le pregunté al barman -quien evidentemente conocía a la pareja de bailarines- porque lo hacían, pues me parecía que podía resultar riesgoso para su estado. De inmediato comenzó a reír, y me dijo algo que en cierta manera me recordó lo que dice la gente nativa de mi provincia, -Santiago del Estero, Argentina-. “Aquí los dominicanos antes de aprender a caminar, ya sabemos bailar; y la mejor forma de conocer nuestra música es disfrutarla desde antes que nacemos”
Teniendo la posibilidad de contar con una pareja de baile experta, me lancé a la pista al ritmo del merengue y la dulce bachata. Pude divertirme toda la noche, meneándome sin ningún reparo, hasta bien avanzada la madrugada. Estaba feliz de poder sentirme como una más entre todos ellos.
Comenzaba clarear cuando salimos de Pacha, un viento fresco venía desde el mar. Al fin la excursión del día anterior y el trajín de la jornada, se estaban haciendo sentir, estaba cansada pero contenta. Creo que dormiría hasta cerca de mediodía.


Magui Montero


NOTA: Folleto de propaganda de "Pacha"



lunes, 11 de agosto de 2008

UN PASEO CON SABOR A HISTORIA


Me levanté a las 5,30 y desayuné junto al grupo que participaba de la excursión; estaba algo excitada porque sabía que conocería un lugar “especial”, allí donde había comenzado parte de la nueva historia, llámese conquista, choque de dos culturas o lo que cada uno pudiese opinar, pero indudablemente, marcaba un hito, tanto para Europa, como para el Nuevo Continente.
A las 6,30 partimos en un minibús, climatizado –los lugareños llaman guaguas a los buses de corta distancia-; recorrimos varios hoteles recogiendo pasajeros que participaban de la excursión. El viaje era largo y los caminos no eran buenos, pero se compensaba con todo lo que vas conociendo. Atravesamos la ciudad de Higuey, preciosa, sencilla, con casitas multicolores y un bellísimo santuario, la Basílica de Higuey, centro de peregrinaciones marianas.
Antes de llegar a Santo Domingo, pasamos por unas cavernas, que están por debajo del nivel de la tierra, se desciende por escaleras talladas en la misma piedra, y aun conservan el ahumado de las antorchas con que se iluminaban antiguamente. Estas grutas, eran habitadas por los indios tainos. Por distintas aberturas se filtra la luz del sol, creando un clima especial, donde toca la luz crecen especies raras de helechos, flores, y algunas palmeras, Dentro de ella a medida que se desciende, cuenta con especies de piscinas y el agua cae en pequeñas cascadas. En cada una de estas piletas naturales que se forman por los manantiales, el agua toma colores de acuerdo a los minerales que contiene. La primera que vi era color azul, otra verde y otra de color oro. Nos explicaron cada una de ellas era destinada a los baños conforme a la jerarquía que ocupaban en la tribu.
La piedra de la gruta brillaba por la presencia de minerales y le daba un aspecto maravilloso. Pude sacar muchísimas fotografías, pero el revelado hizo que descubriera lo inútil que había resultado el uso del flash, pues no alcanzó a iluminar tan hermoso panorama, por la amplitud de la concavidad subterránea.
Luego de esta parada, continuamos camino. La carretera es paralela a la costa, pero se ven menos playas, los bordes están cubiertos de rocas donde las olas rompen con fuerza formando remolinos y espuma.
Por fin llegamos a Santo Domingo, se encuentra enclavada en la zona sur de la isla. Es una ciudad de estilo colonial, de calles angostas, y casas muy viejas; fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Para no cambiar la fisonomía de la ciudad, la alcaidía dictó normas mediante las que cada edificio que se construyera, aunque fuera moderno y lujoso interiormente, debía conservar el estado original exterior, los revoques caídos, las puertas antiguas y escalinatas de entrada. Hay frentes tallados en piedra, arabescos y figuras afiligranadas. Llegamos al faro de Colón, es una inmensa construcción con escalinatas, hay una luz encendida permanentemente, que marca el lugar exacto –supuestamente- donde desembarcó por primera vez Cristóbal Colón en 1492. Continuamos el recorrido visitando las primeras oficinas administrativas instaladas en el Nuevo Mundo; el Alcázar de Colón, en cuya plaza frontal se encuentra emplazada una estatua del colonizador. Es un hermoso palacio colonial de principios del siglo XVI, que habitó la familia – su hijo Diego y su nuera-, se conserva aun mobiliario y algunos utensilios de su propiedad, en la época que éste gobernó la isla.
Fuimos hasta la Fortaleza de la ciudad, construcción que da al mar, rodeada de cañones en sus almenares, para evitar que entraran en aquella época, los piratas ingleses. (En este caso me reservo de mayores comentarios). Continuamos el recorrido visitando la casa de Hernán Cortés; el Museo del ámbar, donde se hallan las “piedras” en que se basó la historia de la película Parque Jurásico. Pude sacar fotografías cuando atravesamos el puente y visitamos el lugar en que fue filmada la película Apocalipsis Now.
Luego conocí la primera Catedral construida en América, esta realizada en piedra y data de 1523. Finalmente nos llevaron a visitar la tumba de Colón. No puedo creer todo lo que veo, pero es imposible no mirar y tocar estas cosas sin sentirse emocionado.
Fuera de lo que cada uno de nosotros piense, esté a favor o en contra de la evangelización y la conquista o la forma en que se hizo, pero es un paso hacia el punto donde se tocaron dos civilizaciones y se transformó para siempre la cultura de ambas.
Más tarde, nos dieron un tiempo libre, que aproveché para visitar el mercado de la ciudad. Personalmente, creo, y esto lo fui confirmando en sucesivos viajes por diferentes regiones, que uno puede conocer mucho de las costumbres y la cultura del verdadero pueblo, si visitas su mercado. Ahí no hay lugar para los “disfraces” turísticos, allí concurre y hace sus compras la gente común, como visten, si son alegres, como se alimentan y si verdaderamente hay cordialidad con aquellos que concurren de visita.
Tal como lo imaginaba, no fue una equivocación; los dominicanos tienen la sonrisa fácil, son atentos, bromistas, diligentes. Me ofrecieron un brebaje que preparan con algunos yuyos de la isla, mezclado con ron –dicen que tiene también ingredientes secretos- ellos acostumbran a tomar una copita, como paliativo después de una noche de fiesta donde se comió o se bebió en forma abundante; lo llaman “Mama Juana”.
A la salida del mercado, en el carrito de un vendedor ambulante, compré un coco, de los muchos que descansaban en un colchón de cubos de hielo, para calmar la sed, pues estaba haciendo calor. El vendedor, luego de lavarlo, le hizo un corte limpio con machete, y colocó una pajita dentro para que pudiera sorber con comodidad. Me saludó con una sonrisa deseándome buena estadía, y yo seguí mi paseo.
Almorzamos en el hotel Sheraton de la ciudad –es una belleza- y me sorprendió conocer un obelisco más pequeño que el de mi querida Buenos Aires, pero íntegramente pintado en colores fosforescentes, con estilo Art Noveau. Compré algunos regalitos y artesanías y emprendimos el regreso.
Esta excursión en verdad había superado mis expectativas, República Dominicana, se estaba brindando en todo su esplendor.

Magui Montero


NOTA: Fotografía de la estatua de Cristobal Colón, frente del Alcázar. Santo Domingo. República Dominicana

domingo, 3 de agosto de 2008

AGUAS CÁLIDAS Y ROMANTICISMO

Me revuelvo en la cama, abrí los ojos en la oscuridad y miro el reloj de viaje (único capricho que me permití traer en el viaje para recordar los horarios) son las 04,50 a.m. Duermo con los ventanales abiertos y las cortinas se mueven con la brisa nocturna. Me levanto y camino al balcón, hay luna llena, los caminitos que conducen a la playa se ven nítidos entre la vegetación. Decido ir a caminar, me puse el traje de baño, un pareo encima y salgo. Desde lejos escucho música, quizás venga de la Disco, yo voy en dirección al mar, quiero ver el amanecer.
Sin embargo, no todo está solitario, en la semipenumbra se ven personas corriendo por la playa, algunos bañándose o esperando observar el mismo espectáculo que yo. Traje mi cuaderno de notas, lapicera, y la cámara de fotos. El viento sopla con mayor fuerza; el cielo se está cubriendo, pero a pesar de ello a medida que la luna baja, va tomando un suave color rosado, haciéndose cada instante más rojizo. Todo el mar se tiñe de rojo por un momento; el sol emerge en el horizonte, para volver a ocultarse entre las nubes, aunque los rayos se filtran entre las nubes y forman haces de luz que dan distintos colores al agua. ¡Qué espectáculo se pierden los dormilones o aquellos que aun están bailando!
Dejé las cosas en la arena y me sumergí en esta increíblemente tibia caricia líquida. Desde allí me sorprenden gratamente, empleados de los hoteles que recorren kilómetros y kilómetros de playa limpiándola de algas que la marea deja durante la noche y la retiran en tractores que pasan, haciendo grandes fardos. Desocupan también los cilindros decorados que están colocados cada aproximadamente veinte metros para depositar la basura y los ceniceros; de esta forma se mantiene el aseo permanentemente.
Salí del agua a tomar algunas notas para no olvidar cada detalle de lo que mis ojos ven, pero es indudable que mi corazón lo grabará definitivamente.
Voy a desayunar al comedor aun despoblado, la música está sonando suave y los camareros se mueven diligentemente. Tengo hambre! Huevos revueltos, panceta, queso regional, yogur, café y pan alemán. Esto se pareció a un almuerzo!! Los turistas comienzan a despertar, opto por volver a cambiarme, para salir a caminar y conocer más; pues hoy nos cambiamos de hotel.
Los primeros días estuvimos en el Riu Melao y nos instalaremos en el Riu Naiboa. El nuevo hotel esta construido a diferencia del anterior todo en un solo bloque, de forma curva, para que desde todos los balcones se visualicen los jardines, la piscina y el mar. Es sumamente lujoso, igual al estilo de todos los hoteles Riu, está rodeado de jardines tropicales, tiene un puente, y por debajo corre agua en medio de piedras y flores. El bar es una cabaña grande, rodeada de barandas que dan a la pileta de natación, la cual tiene un islote en el centro. Antes del mediodía decidí salir en lancha para recorrer la costa. Desde allí pude ver de un ángulo diferente esa parte de la isla y fui conociendo los diferentes hoteles instalados allí.
El complejo hotelero Riu es el más grande y lujoso de todos (al menos lo era hasta el momento en que yo estuve hace 10 años) cuenta con más de 3.000 empleados, todos hablan aparte de su idioma –español- alemán e italiano o alemán y francés, el inglés no es obligatorio porque la mayoría del turismo proviene de Europa, -80 % de alemanes- el resto españoles, italianos, algunos franceses y latinoamericanos. El personal vive en edificios de departamentos que son parte del mismo complejo. Reparten su tiempo entre las horas que trabajan y el estudio (continúan perfeccionándose), reciben becas y pueden ascender e ir escalando jerarquías dentro del hotel o establecerse en otros de la misma cadena distribuidos por todo el mundo. Mientras sigo conversando, preguntando, curioseando aquí y allá, llegó la hora de la siesta.… Y comencé con mis clases para aprender a bailar merengue. Un ritmo hermoso, sensual, alegre, con muchos movimientos cadenciosos. Puede bailarse suelto de la otra persona o en pareja, con giros y figuras que se realizan meneando las caderas y manteniendo el hombre el control sobre de la mujer, roces, miradas, vueltas. Es la seducción hecha danza, el calor y la fogosidad; como todos los ritmos propios de países que tienen sangre latina.
Me siento en el bar a tomar jugo de fruta, quiero refrescarme un poco. Creo que la clase de música latina me dio bastante calor… ejem
Tengo algunas curiosidades... ¿Qué será lo que incluye el: “all inclusive”? Mejor averiguo bien.
Aprendí algunas cosas. Gran cantidad de parejas de buen nivel económico vienen con amigos y familia; se casan aquí en una ceremonia que se realiza en la capilla de los hoteles, por supuesto toda la fiesta, comida, bebida y números artísticos les sale gratis, y al mismo tiempo pasan su luna de miel. Tuve oportunidad de ver una ceremonia de este tipo y fue preciosa. Solo pensé que es inusual pasar la “luna de miel” con los suegros, hermanos, primos y amigos. En fin!! Creo que mi idea de romanticismo, caminar a la luz de la luna por la orilla del mar o hacer la travesura de poderse bañar desnudos en medio de la noche de una pareja de enamorados, no concuerda con la practicidad de armar un paquete turístico para la familia y “aprovechar” para casarse… Pero debo respetar las formas de pensar diferentes a la mía…
Bien, ya nos pusimos de acuerdo con todo el grupo que hace el mismo circuito turístico. Estuvimos tomando unos cócteles y vimos un espectáculo de rumba en la confitería del hotel. Me acosté rendida de cansancio a las 12 de la noche; debo levantarme a la madrugada.
Salgo de excursión para visitar la Capital de República Dominicana. Mañana conoceré Santo Domingo.

Magui Montero

martes, 22 de julio de 2008

UNA VISION DISTINTA

Hasta ese momento, veía cosas que nunca había tenido oportunidad de conocer. El hotel y todo su entorno, solo estaba en los sueños de gente común, me asomaba por primera vez a un mundo reservado para personas de mucho dinero. Todavía me costaba creer que era yo quien lo estaba viviendo; pero ansiaba mirar el mar, que conocía por fotografías y películas filmadas en el Caribe; así que me alejé del sector de la piscina, fui caminando hacia donde alcanzaba a divisar muchas palmeras, cocoteros, y terminaba el camino cubierto de lajas.
La arena es blanca y suave como talco, no se adhiere en el cuerpo ni se calienta; a pesar del fuerte sol puedes caminar tranquilamente. Llegue a la orilla del mar, el agua es transparente, de un turquesa indescriptible, cálida mansa, forma pequeñas olas con espuma blanca solamente cuando estas rompen en la playa.
Me quedé sentada en una reposera embobada por el paisaje. Aproximadamente a cien o ciento cincuenta metros de la costa, una línea semicircular rodea toda la playa, convirtiendo este espacio en una inmensa piscina natural, donde el oleaje explota formando un cordón blanquecino. Desde allí hasta donde se pierde la vista el mar es de un intenso color azul. Me explicaron que es un atolón, formado por corales que hacían de barrera natural. A lo lejos se divisa un antiguo barco encallado, que quedó integrado al paisaje y es motivo de excursiones para los curiosos.
Salté y jugué en el agua, un rato. Aquí y allá veía las camareras trayendo jugos y tragos de diversos colores, decorados en piñas ahuecadas, en cocos, o vasos de trago largo con frutos tropicales. Los más jóvenes jugaban voleibol playero o corrían a uno y otro lado. No faltaban las bronceadas sirenas y los adonis, mostrando su musculatura y pavoneándose. Cada cincuenta metros había grandes recipientes decorados, donde se dejaban los vasos usados y grandes ceniceros de pie. ¡No es una exageración, es verdad! Las personas fumaban, apagaban sus cigarrillos y tiraban las colillas dentro de los ceniceros, que semejaban inmensos maceteros de pie.
Disfrutaba del lugar, pero la prudencia me aconsejaba tener cautela con el primer día de estar al sol. Me dirigí hacia donde terminaba la zona de playa y comenzaba el césped. Solo separaba el lugar dos escalones, allí estaban las chinelas, tal como las había dejado hacía ya tres horas, junto a muchas otras. Me puse el pareo, y salí a recorrer una callecita que se llama “Pueblo Caribeño”. Las viviendas tienen colores intensos y amplias terrazas, pero en realidad, simulan ser viviendas; son comercios donde se pueden adquirir regalos, souvenirs, pinturas, artesanías, hay casas de fotografía, turismo, joyerías, peluquería, gimnasio, etc. Al consultar los precios, salí espantada, las cosas que vendían eran hermosas, pero inalcanzables para mi bolsillo.
Pasé por el bar, comí algunas delicias tentempié y un refresco; pues faltaban pocas horas para la cena que se sería entre las 18,30 y las 21,00. Aun tenía puesta la ropa de playa, sin embargo quedé sentada escuchando las melodías que tocaba un hermoso dominicano en el piano de cola y hasta me animé a cantar el tango “Nostalgias” en actitud totalmente desenfadada de mi parte; pues había pocas personas y era una linda ocasión, que quizás no pudiese repetir.
A la hora de la cena, se reiteraban los manjares, mientras tres músicos acompañados por guitarras paseaban entre las mesas cantando boleros y música suave. Luego se comenzó a escuchar música folclórica del lugar que es el merengue. La gente comenzó a bailar (incluso los empleados) quienes acompañaban e indicaban los pasos en medio de risas y aplausos.
Un viento suave venía desde el mar, mientras caía la noche. Eran apenas las 22,00 y se me cerraban los ojos. Tal vez mañana, tuviera ganas de ir a bailar en “Pacha”, la disco del complejo hotelero Riu. El primer día había sido demasiado intenso para mi.

Magui Montero

sábado, 28 de junio de 2008

LA LLEGADA – PRIMER DÍA EN EL HOTEL


El Aeropuerto Internacional de Punta Cana fue todo un impacto, por su belleza. Los pisos y paredes eran de granito espejados, pero los techos y el resto de la estructura superior respetaba el estilo caribeño; en caña y paja.
Los lugareños, funcionarios y empleados, son en su gran mayoría gente de color o mestizos de piel color canela, pero muchos de ellos tienen ojos azules; lo cual me extrañó y cuando pregunté me dijeron que los indios tainos, naturales de la región, etnia de la cual descienden, tenían esa particularidad.
A pesar de hablar en español, nos cuesta comprender, pues tienen una tonada especial, pronunciación diferente para algunas letras y se expresan rápidamente. Son amables, atentos; casi todos hablan más de un idioma, cantan y bailan mientras atienden al público y la sonrisa a flor de labios es una constante. Desde el momento que pisamos ese hermoso país, no hemos visto alguien que no tenga un buen trato para los turistas.
Comentando esta situación con la persona que esperaba para trasladarnos al hotel en una combi, me dijo lo siguiente: Somos un pueblo que tiene su economía dependiente del turismo; si no tratamos bien, los estafamos, o hacemos algo desagradable, el turismo disminuye. Tenemos una premisa, por cada persona que visita nuestro país, intentamos que vuelvan al menos dos, no es un gran secreto. La riqueza o pobreza de los habitantes depende de la propaganda que se le haga al país y de que las grandes cadenas hoteleras sigan instalándose. Casi todos los jóvenes que estudian, buscan alguna carrera que tenga que ver con turismo o con lo que tiene inserción laboral relacionada a ello; por eso es que también estudiamos idiomas. Esta conversación me dejó pensando en que hay países que tienen muchísimas bellezas, pero sus habitantes no se concientizan de la importancia que tienen los ingresos de la industria sin chimeneas; y si ven un turista, solo piensan en ver la forma de sacarle dinero estafándolo o robándole, aprovechando que no conoce el idioma o el lugar.
Pude comprobar que el pueblo dominicano educa a su gente para ser servicial y honesto con quienes lo visitan, y efectivamente la gente regresa a su país de origen, feliz del trato que recibió. Uno de los ejemplos anecdóticos es que en el mismo hotel en que me encontré alojada, había una señora alemana muy despistada. Se olvidó la filmadora dos veces en la playa, y las dos veces le fue entregada en la recepción del hotel.
En el trayecto hasta el complejo “Riu” formado por cuatro hoteles, el guía nos fue informando sobre la historia, economía, costumbres, del país; hasta que llegamos.
No podíamos creer lo que veíamos. El lujo, la vegetación exótica, los jardines, glorietas, puentes que cruzaban pequeñas corrientes de agua; y mayor fue nuestra sorpresa cuando ingresamos en las habitaciones. Decoradas en estampados con predominio de verde y con flores que imitaban la vegetación tropical en cortinados y alfombras, juego de living en cuya mesita había una canasta con flores frescas y frutas (tarjeta de bienvenida incluida), block para cartas, lapicera, postales, mini-bar, heladera con bebidas, amplios placares de madera lustrada con caja fuerte incluida, muebles de mimbre de un diseño rarísimo.
El baño de granito rosado con artefactos cromados, una canasta más pequeña con flores y artículos de tocador. Las toallas y toallones colocados sobre la cama plegados formando un hermoso diseño (algunos días eran cisnes, corazones o canastas donde colocaban flores). Cada habitación tenía su propia terraza con sillones que daban a jardines tropicales cubiertos de flores y cocoteros.
Todo el grupo se cambió rapidísimo de ropa, dejamos las valijas a medio desarmar y nos fuimos a desayunar (de nuevo) jajajaja! pues lo que consumimos en el avión era para mantenernos sin hambre por una semana! Pero era el ansia de seguir conociendo y ver que nuevas sorpresas nos deparaba ese lugar de ensueño.
Las construcciones estaban separadas como si se tratase de pequeñas casitas y el comedor no era menos esplendoroso que el resto. El comedor se llama La Proa tiene amplios ventanales que dan al mar o hacia los jardines internos con múltiple vegetación y caminitos serpenteantes cuyos bordes están delimitados por cáscaras de coco barnizadas como si fueran pequeñas piedras semiesféricas. Allí vi por primera vez, que varias edificaciones tenían agujeros en el techo, para no sacar los árboles que estaban antes, y los integraba al interior. La decoración es en madera oscura, iluminada por grandes faroles típicos de la decoración del Caribe. A un lado, mesas en distintos niveles con todo tipo de frutas (algunas totalmente desconocidas para nosotros, tanto de nombre como de sabor), jugos, yogures, leche, dulces, café (riquísimo), comidas saladas, quesos de varios tipos, fiambres, ensaladas, salsas de sabores extraños, panes, budines, tortas y ¡¡cerveza!!! Si!! Como lo están leyendo!! Cerveza de barril para tomar la cantidad que quisieras, en el desayuno… Al ver esto, mentalmente hacía un cálculo de los kg. de sobrepeso que llevaría de regreso a la Argentina, y seguí mi paseo saliendo por otra puerta. Era un hermoso jardín central, donde estaba la pileta de natación de impresionantes dimensiones circundada por plantas de diferentes colores de verde, dándole un marco adecuado.
Casi ningún turista hablaba español, el 90% eran suizos, alemanes, italianos, franceses. En la playa las mujeres caminaban con los pechos al aire, pero nadie reparaba en ello, esto no se limitaba a las chicas jóvenes; algunas muy maduras y hasta ancianas también andaban de igual forma; gordas, flacas; rubias, morenas y canosas. Yo que pensaba que mi tanga era muy escotada, me sentía al mirarlas como si tuviera un traje de baño de 1920, con cofia incluida. Era una de las múltiples sorpresas que nos tenía reservadas este viaje. ...Y recién comenzaba.

Magui Montero

miércoles, 25 de junio de 2008

RUMBO AL CARIBE - Hacia República Dominicana

LA PARTIDA DE ARGENTINA. LOS PRIMEROS PAPELONES
Era la época del dólar barato para los argentinos; el uno a uno. Yo, una simple laburante del montón, que nunca lograba ir más allá de donde alcanzaba el sueldo de un empleado público. Vacaciones cortas, con gastos muy acotados, a los destinos turísticos que nos permitía pasear con lo que cobrábamos de aguinaldo. Y ahora, de pronto, podía hacerlo! Un dinero extra cobrado en el momento adecuado y me lancé a la aventura de conocer ¡EL CARIBE! Ni en mis sueños más locos lo había imaginado! Varios santiagueños éramos de la partida. Todos haciendo planes, ninguna experiencia en viajes internacionales.
Llegamos a Buenos Aires un día sábado por la mañana. Fuimos a almorzar en el restaurante Pippo en calle Montevideo, pleno centro de nuestra querida ciudad de Buenos Aires. Hacía un frío terrible, y llevábamos muy poca ropa de invierno. Las valijas estaban repletas de remeras, pantalones cortos, tangas y bikinis, bronceadores, pareos, zapatillas y chinelas playeras.
Partimos rumbo al Aeropuerto Internacional de Ezeiza a las 21,30. Llovía torrencialmente y corría viento. Algunos conversaban con el chofer del minibús, yo intervenía de a ratos, pero iba más bien callada, tratando de mirar a través de la lluvia.
Por suerte llegamos bien al aeropuerto. Allí nos quedamos parados, sin saber que hacer ni a donde ir. Conseguimos carritos para llevar las valijas y luego a buscar donde consultar… Un audaz de los que no faltan dijo: “quédense aquí cuidando las cosas, yo averiguo donde está Dinar y les aviso”
El “valiente” demoró un largo rato en volver, no había mucha salida de vuelos a esa hora, la gente que andaba era poca, volvió riéndose a las carcajadas. Dinar y Aero Cancún eran la misma empresa, y estaba al frente de nosotros, con una cola de más de cien personas, que nosotros veíamos llegar y ubicarse en la fila, en todo el tiempo que estuvimos esperando.
Allí estaba el responsable de la Agencia de Viajes, algo enojado, esperando a estos “pedazos de bestia” que no llegábamos!. Nos entregó la documentación necesaria, y empezó el sufrimiento!! Hacer fila para entregar el equipaje, hacer fila para la visa, hacer fila para control de la policía aeronáutica, hasta que por fin!! Embarcamos!!!
Me tocó el asiento a lado de la ventanilla, estaba nerviosa, el avión era grande, llevaba 300 pasajeros. Nos informaron que iba a República Dominicana (nuestro destino) y luego seguía a Cuba.
Los asientos me resultaron duros, y yo que soy alta, tenía poco espacio para estirar las piernas; de todas maneras no me importaba, ya estaba rumbo a Punta Cana, luego a otros lugares y después a Cuba.
El despegue fue hermoso, había dejado de llover y Buenos Aires brillaba; estaba iluminada como una tela cubierta por lentejuelas doradas y plateadas en pequeñas hileras formadas por la luz a mercurio de sus calles. Al ir elevándonos observamos la Costa de Uruguay. Una luna preciosa, me permitía ver claramente nuestro rumbo hacia el norte, siguiendo la línea del Río Paraná.
Cené muchísimo,. Luego los pasajeros se acomodaron para ver una película, yo me quedé dormida antes de que sirvieran el café. No se cuanto tiempo dormí, me despertó la claridad de la noche, estábamos volando a 10.000 metros de altura y sin embargo pude distinguir al Río Amazonas y más tarde el Orinoco casi al amanecer, en medio de un mullido colchón de nubes rosadas, mientras el sol asomaba desde medio del mar, por el este.
Ya con el sol a pleno distinguí la costa de Venezuela (preguntaba todo) porque quería ir recorriendo el mapa dentro de mi mente y pegando interiormente cada imagen que lograba rescatar en el lugar preciso. Luego que dejamos atrás la costa de Venezuela todo fue mar…
Creí que me iba a impresionar, pero desde arriba se veía tan calmo! A las 7 de la mañana, nos sirvieron el "desayuno". Oh sorpresa! Era una mezcla rara de americano y continental Salchichas, huevos revueltos, tortilla de papas, jugo, café con crema, mermelada, manteca, medialunas, masas, scones. Por supuesto comí todo a riesgo de reventar, pero quería probar como sabía y me pareció bárbaro!.
Avisaron que aterrizábamos en cinco minutos, y allí empezó la lucha por sacarnos la ropa de abrigo porque nos dijeron que estaba haciendo una temperatura de 29º y eran apenas las 7,30 de la mañana.
No comprendía como, faltando tan poco para aterrizar, solamente veíamos mar a nuestro alrededor, pero recordé que el piloto había informado que la velocidad crucero era de 1000 km. por hora, o sea que aun estábamos a más de 80 km. de nuestro destino.
Noté que íbamos cada vez más bajo, pues ya distinguía a lo lejos las olas y las crestas blanquecinas de espuma. De pronto me golpeó la vista el paisaje más hermoso que pudiese imaginar. Casi debajo mío una punta de tierra con infinidad de palmeras, la rodeaba el mar de un color turquesa tan claro que parecía una inmensa pileta de natación.
Ya a baja altura pudimos ver que la isla tenía montañas (aunque no muy altas) y debajo de una vegetación bastante frondosa la tierra era de color rojo intenso.
A mis pies ya estaba la pista de aterrizaje y en pocos segundos tocamos tierra. Cuando se abrieron las puertas del avión una bocanada de aire caliente nos recibió. Ante la carcajada del resto de los pasajeros, el grupo de santiagueños que veníamos en vuelo preguntamos a viva voz: ¿Están seguros de que estamos en Punta Cana y no nos trajeron de vuelta a Santiago? Habíamos llegado al Aeropuerto Internacional, en la República Dominicana.

miércoles, 18 de junio de 2008

BIENVENIDOS A MI BITÁCORA VIAJERA



Hola!! Estoy iniciando este nuevo blog para compartir con todos ustedes parte de mis experiencias viajeras.
A través del tiempo he tenido oportunidad de conocer lugares, gente, música, comidas y costumbres. Se que es dificil, pero trataré de brindarles un poquito de lo maravilloso que es visitar distintas regiones. Cada país, cada pueblo, tiene características diferentes y distintivas. Sin embargo algo nos une y nos hermana; en todos los sitios que tuve la posibilidad de recorrer, siempre encontré personas dispuestas a brindar lo mejor de sí para que aquellos que llegamos, podamos descubrir el espíritu de su propia tierra.
Dicen que partir es morir un poco, pero creo que los caminos que se transitan, permiten hacer amigos entre tantos seres humanos que nos tienden su mano y abren la puerta del pais que estamos conociendo; eso significa estar volviendo y naciendo nuevamente en el corazón de cada uno de ellos.
Un abrazo fraterno y mi mayor agradecimiento a quienes desinteresadamente me ayudan en cada lugar a disfrutar de coloridos paisajes, me cuentan sus historias y me ayudan a continuar soñando.
Magui Montero